lunes, 11 de junio de 2012

Me mataron por Pirata: Una vida que no es verdad

[Me levanté y me fui al baño. Antes de ducharme me miré en el espejo. La misma cara me miraba como siempre. Con una irreverente actitud de pensar qué estaba mirando. Necesitaba afeitarme. La cara de vagabundo ya se me estaba quedando demasiado habituada. Un cambio de imagen. ¿Cortarme el pelo? Quien sabe. Necesitaba ser una persona diferente a la que había sido este tiempo atrás. Cambiar un poco de vida incluso, podría decirse. Si la vida fuese una foto, una postal, era hora de romperla en pedacitos y sacar una nueva con la cámara para empezar otra vez.
Era hora de romper la foto que veía todos los días en el mismo espejo de siempre. Ser otra persona. Pero no era fácil cambiar tanto de la noche a la mañana. Después de mirar un rato, agaché la cabeza, mirando el desagüe del grifo, posiblemente por donde se había ido mi vida en algún momento, porque alguien la tiró por ahi, porque yo la dejé escapar, y cabizbajo como estaba, intenté contener las lágrimas en los ojos. Y me fui a la ducha. Posiblemente para camuflar mi llanto con más agua.
Y allí en la ducha dejé que cayese el agua sobre mi. No me preocupaba llegar tarde. No me preocupaba ya nada en absoluto. Había perdido la conciencia vital. Si el mal venía, que viniese de golpe. Que fuese además un golpe de esos que te destrozan del todo y ya no te levantas. Agua que no sabía si estaba caliente o fría. Podría estar congelándome vivo o me podía estar abrasando la piel. No lo se. No sentía nada. Nada más que pena, nada más que dolor...Había perdido la capacidad de odiar incluso. Solo era eso... algo tan dentro de mi, que me impedía levantarme por las mañanas y ser persona. Solo daño....
Y salí de la ducha como el hombre sin alma que era, perdido y vadeando por la vida. Y volví al espejo. Tapado ahora por el vapor del agua, que a fin de cuentas, debía estar caliente para empeñar el cristal. Y con una mano lo limpié, arrepintiéndome al segundo mismo por haber dejado ese hueco libre para volverme a ver. Y quise romperlo de un puñetazo. Pero no me quedaban fuerzas... No tenía fuerzas ya... Me volví, maldiciendo mi persona, apartándome de ese espejo horrible que reflejaba una imagen más horrible todavía. Y miré por la ventana. Llovía. Bastante. Y se oía ruido en la calle.
Salií del baño de una puñetera vez. Del microclima que había ahi dentro, y me fui al salón. Me senté en el sofá, desnudo todavía, mirando a la televisión apagada. Tampoco tenía interés en verla. Y pensé que qué clase de vida era esta....Mirando una televisión en negro, tirado desnudo en el sofá sin nada que hacer, muerto por dentro...Y ya que muerto por dentro, muerto por fuera. ¿Para qué? Me pregunté. Para qué seguir viviendo en la agonía si solo había dolor...Colgarse no estaría mal. Rápdio, pero no lo suficiente. Pero al menos no molestaría a nadie. Si me tiraba por la ventana podría romper un coche o algo. Y me levanté, buscando algo para que me aguantase, de lo poco que me aguantaría en la vida.
Así que me puse a buscar, intentando encontrar algo. Pero la desesperación llegaba a sus límites. No había nada. Nada absolutamente que sirviese. Y cuando más dura era el enfado por no poder hacer nada bien, entre el ruido de la calle, que la tormenta debía ser dura, escuchó una risa. ¿Quién se podía reír en un día como ese? Oyó una risa por la ventana y se asomó a ver. Claro, que, desde un 7º piso, poco se veia. Solo las calles inundadas. Pero inundadas de verdad. Posiblemente el agua llegase al 4º piso de su edificio. Coches flotando y coches hundiendose. La gente desesperada a la deriva, flotando donde se podía agarrar. Lamentádonse y llorando por lo que perdían y por no perder más que la vida en aquella fatal tormenta. Que nunca paraba, porque seguía lloviendo como si el mundo se acabase.
Y en medio de aquella locura y de aquella destrucción, una risa. Una risa de una muchacha. Una voz alegre que no paraba y se oía sobre todas las demás. No paraba de reír. Y recordó, que una vez, hace tiempo, una chica tenía un plan. Y sabía que era ella, porque su idea se hacía realidad. Esa idea consistía en que lloviese mucho un día, que lloviese todo lo que tenía que llover y que no volviese a caer una sola gota en todo el año. Tenía esa disparatada idea en la cabeza, pero jamás pensó que se las ingeniaría para llevarla a cabo. Pero lo había hecho, y era feliz. Nunca olvidaría esa risa.
            Y supe que a pesar de tanta destrucción, sólo me importaba su risa. Sólo era consciente de la felicidad de aquella chica. Si aquella chica podía gritar de felicidad en medio de todo ese caos, yo  también podría sonreír en mi interior.
            Pensé que ya no tendría que preocuparme de mucho más en realidad, porque todo se iba al garete. Ni coche, ni trabajo, ni nada. No tendría que preocuparme de llegar tarde a ningun sitio hoy, porque total, era lo que me podía preocupar mínimamente y por lo que ni siquiera reaccionaba hacía unos minutos. Y así, comencé a sonreir un poco. Quizás por la alegría de aquella joven que reía con su idea, y aún así el mundo seguía inundándose por momentos. Y yo lo miraba.
Miré esa piscina enorme que se amontonaba sobre el asfalto, bajo mis pies, y no lo dudé. Era el momento de cortar con el hilo que me sujetaba. Saltar por la ventana había dicho. Y asi haría. Saltar. Sumergirme en todo ese agua y que me llevase la corriente. Empezar otra vez pero sin saber donde. Donde fuese.
Y a medida que el agua se acercaba a mi cara, sonreí otra vez, porque mientras caía desnudo todavía, pensé que a lo mejor ahora tendría algo más de suerte, aunque tuviera que empezar otra vez sin esa voz que reía, que me había hecho caer a lo más profundo del abismo.... ]




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