domingo, 12 de agosto de 2012

Crónicas Murcianas

En vista de que mis ideales vacaciones de turismo sexual por Tailandia se vieron frustradas y que en la Patagonia tengo prohibido el acceso debido a mi libertinaje nudista, me he visto obligado a matar el tiempo en Santa Pola, como año tras año suele suceder.
No obstante, esta ciudad, si es que así le puede llamar uno, se ha degradado hasta un extremo inexplicable. Demoniaco. Satánico, diría yo tras lo visto en la calle a plena luz de la luna.


Mal rollo. Mucho mal rollo...

Dada fue la locura que mi enfermiza mente alcanzó que me vi obligado a salir de allí. Por ello, recientemente me he dedicado, en mis diarios de bitácora, a explorar la costa Mediterránea, todo el Levante español. Y empezamos así una nueva sección, posiblemente peor que ninguna de las anteriores, que son los Legendarios Viajes de Bruno. Hoy:


Cosas que un tonto como yo puede hacer en Murcia



Decidí yo, en mis tiempos de divagaciones mentales, visitar a dos buenas amistades mías, que en Murcia se encontraban. Y así, cogí un autobús, no sin ser emboscado en una doble trampa de aquellas que pueden resultar fatales. Imaginar cuál fue mi sorpresa al llegar a la estación de autobuses de Alicante y verla cerrada, indicándome que había una NUEVA estacón. Corriendo a buscarla. Pero no era suficiente, y al llegar allí, el autobús, averiado, llegaba con una hora de retraso casi. 
Pero por fin llegué, y Uno, caracterizado por su inteligencia, que en su esplendor brilla por su ausencia, lo primero que hace cuando va a un sitio nuevo, exótico y desconocido como puede ser la huerta murciana, se le ocurre tomar algo típico de la zona. Cuando fui a EEUU comía hamburguesas, cuando fui a Alemania, bebía cerveza, cuando estuve en Túnez fumaba costo, y ahora, en Murcia, pues me como un producto típico de la zona con mis guías turístico-espirituales: un yogulado.

 Al rico yogulado huertanico


La ciudad de Murcia, construida por los germanos en el siglo IX, se caracteriza por estructuras monumentales y demás maravillas arquitectónicas, como puede ser la Plaza Circular. Su belleza radica en el misterio que su nombre entraña. Qué es la Plaza Circular, se preguntarán muchos. Pues una puta plaza enorme con forma de círculo. No tiene mucho más. El nombre es el apellido.

No se qué es peor. Llamar así a la Plaza, o la compañía que tengo


Pero claro, llega la hora de la comida y yo, young lust stranger in this town, necesito un lugar para hospedarme. Por fortuna mi guía, que se retira a su morada, me acoje a cambio de mis servicios mayordomísticos. En su palacio. Eso sí, la Casablanca, una mariconada al su lado. Fuentes bañadas en Oro alrededor de toda la villa Palomil. Faisanes y pavos reales caminaban alegremente por su extensos jardines copados de palmeras y bueno, otros árboles de ricos. Larry, el mayordomo, enseguida nos atendió cordialmente, y nos sirvió manjares para comer. Por desgracia, la única foto posible, dada la confidencialidad y el derecho de propiedad, es en la fachada.


A sus pies, Pretty woman walkin' down the street


Pero lo que tiene codearse con la nobleza es que puedes camuflarte ante el populacho como si nada. Y sabéis, que en un cortijo grande el que es tonto se muere de hambre. Y yo, como el que más, presido mi trono ante la plebe. Aunque ni sangre azul ni ostias. Sólo interpreto mi papel. Pero joder, si soy criado de la alta sociedad, implica estar en la alta sociedad, así que, miradme con la cabeza agachada y arrodilláos ante mi poder...




Quedaba mucha Murcia que recorrer, y monumentos de aquellos maravillosos que os refería anteriormente. Derrochaba yo alegría y felicidad por estar en semejante ciudad. Leyenda de leyendas. Imperialismo de la perfección. Elementos culturales que se estudian año tras año en los libros del colegio, como la Meca de los radioaficionados: Rock N Gol, la casa del Rock. Dios nos libre de que vuelva a llamarse así. O un Burguer King, necesario para catalogar Murcia como ciudad.

Derrochando felicidad por estar en Murcia


Y como aquí, siendo de la alta sociedad, me sobra el dinero, podía derrocharlo incluso después de comerme un yogulado y pasar por el Burguer. Declarado monumento nacional por los ilustres Iluminati, se erigía ante mi el Gran Casino de Murcia. Arquitectura árabe en su esplendor con arcos de herradura, o algo así, que es lo único que recuerdo de ese arte. Maravilla de maravillas. Gloriosa y majestuosa edificación del ser humano en la Tierra.


!La casa por la ventana! ¡Estamos que lo tiramos!


Pero no era eso lo que más importaba en mi viaje. Sino aquella creación divina que apareció ante mis ojos. Y no, no hablo de la Catedral, a la cual, según las leyendas no puedo entrar, de ahí el reportaje fotográfico testimonio de que SÍ, puedo entrar. Yo no sé estas historias de satanizar mi persona...



No hablo de la catedral no.... Hablo de algo que jamás había visto yo en mis andaduras por el mundo. No se qué clase de brujería conquistó mi corazón ante la preciosidad, la hermosura de aquel Pez. Su amor caló hondo dentro de mi. Literalmente

Tocado por su mágico chorro

 La fuerza que este animal infernal me transmitió me llevo a hacer justicia. Yo, como policía, juez y ejecutor, me vi obligado a reivindicarme. Y si ese pez me había dado la vida con su agua, por qué no iba a hacerlo con el resto. ¿Por qué no iba a ver agua para todos? Allí lancé mi grito de repulsa, mi condena, luché lo que pude por la libertad,

Pero no lo conseguí... Y me fui de allí, abandonando el pez, mis ganas de libertad, sometiéndome al sistema envenenado, cayendo en el estereotipo más viejo que existe: Abbey Road.
Es tradición en Murcia hacerse una foto en el paso de peatones de la mítica calle Abbey Road, cerca de la Gran Vía. Y puedes realizar varios intentos, así por lo menos la gente se echa unas risas. Por un momento te puedes convertir en el primer Beatle madrileño de adopción murciana. Maravillas de la huerta.




Pero ahí queda la cosa en tierras murcianas. Tomándote una Estrella Levante, o varias, si se tercia. (¿Eh? Tercio-Tercia, cerveza. Lo pilláis?) Y cenando en otro sitio tradicional y propio, como el Foster Hollywood.

Sí que parezco interesante, si...

Qué queréis que os diga, hamigos. Amanecer en Murcia no tiene precio.


Pero menos precio aun tiene si lo haces con esta gente, auqnue tu turismo sexual se haya ido a pique, hay personas en este mundo que te dan la vida cuando los ves. Adriá, Paloma, férreos, incondicionales y posiblemente únicos seguidores de Ciego de Palomitas, Gracias, de corazón.

Y así, ciego de Murcia, volvía a mi exilio voluntario en Santa Pola, esperando ser rescatado de nuevo, como sucedió segun las escrituras...





Y próximamente....




SANTA POLA 2: EL REGRESO

Con videoblog incluido...

1 comentario:

  1. Un placer verte por nuestras tierras!

    Ahora lo siguiente es un viaje a Aranjuez... muerte y destrucción.

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