sábado, 27 de agosto de 2011

Vida sin vida: días sin amor. Parte 2.

[Hay que ser fuertes. No importa en esta vida quienes somos, qué hacemos, a dónde vamos o como nos gustan los macarrones, si carbonara o boloñesa. Nada importa. Sólo importa si se es o no es fuerte, porque a veces el mundo no quiere que sigas adelante. No hablo de un huracán que no te quiere dejar volver a tu país, ni de que al Todopoderoso se le crucen los cables y levante a los muertos. No. Me refiero a decisiones que tenemos que tomar, o decisiones de otros que nos afectan y hacen que todo lo que conocíamos, el mundo en sí que nos rodeaba, se quede patas arriba sin saber qué coño está pasando. Cuando alguien toma una decisión que repercute en ti directamente, que no es una decisión altruista sobe si desayunar tostadas o galletas, sino un momento, un pensamiento que puede volver loco en un momento infinitesimal, sientes que algo se te deshace por dentro, que pierdes una parte de tu vida, y piensas que no se puede recuperar de ninguna manera, que está todo perdido. Piensas en arrojar la toalla, rendirte y que pase lo que tenga que pasar, como si te tiene que pasar un camión por encima, que a efectos, sería lo mismo.
Pero en esos momentos de perder toda esperanza, de pensar que nada lleva a nada y que el camino se acaba donde acabas de poner los pies, hay que mirar hacia delante con los ojos cerrados, sin pensar en qué me va a pasar si ando por un camino que no existe, y seguir adelante, y construir el camino hacia donde sea. Si caes, te vuelves a levantar, las veces que hagan falta. Y si te tienes que ir apoyando en dos trozos de arbol como si fuesen muletas, también lo haces. Y sigues caminando sin pausa, y cuando tropiezas, aprovehcas la carrera, que comoun sabio dijo, el que tropieza ya ha dado dos pasos. Y llegará un día en el que eches a volar, en el que levantes el vuelo de una vez, y dejes atrás todo lo que te haya hecho perder tu camino en la vida. Te elevarás como un fénix desde sus cenizas, y mirarás majestuoso hacia atrás, pensando en que cualquier tiempo vivido pudo ser mejor, pero todavía queda mucho más por vivir.
Hasta el momento en el que vuelvas a ser quien eras, o peor de lo que eras en mi caso, hay que ser muy fuertes, y no dejarte caer por los barrancos de la vida. Hay que doblarse en vez de partirse con los palos que te da la vida, para poder volverte a levantar cuando menos se lo espere, y no caer para siempre sin remedio.
Debemos saber en todo momento aguantar lo que se nos ponga por delante, sea para bien o para mal, tomar decisiones y elegir un camino auqnue haya que dejar atrás lo más querido, porque tú lo dejarás atrás ahora, pero a ti ya te habrán dejado hace mucho tiempo.
Somos qienes somos por lo que vivimos, por nuestros triunfos, nuestros errores, nuestras cagadas, y por las veces que pensamos que no pasa nada y lo estamos perdiendo todo sin darnos cuenta.
Al final, entre pitos y flautas, se nos va el vino en catas, y la casa sin barrer.
Hay que seguir adelante, amigos, pase lo que pase, que ya se encargará el tiempo de decir lo que será...
A veces, se necesitan cambios en la vida, de esos que te marcan para siempre, de esos que auqnue tengas que cambiar algo, no evita que puedas echarle un ojo al pasado, y dejar caer unas lagrimillas, y pensar en lo feliz que eras, en lo bonito que era todo, y en la mierda que es ahora.]


1 comentario: